21 noviembre 2024

CANTABRIA

 





"Viajar es detener el tiempo mientras avanzas."




Del 24 al 29 de septiembre, mi hermana, mi cuñado, Carmen y  yo emprendimos un estupendo viaje por Cantabria, una región que combina historia, naturaleza y una gastronomía que invita a saborear cada rincón. Nos alojamos en los apartamentos Natura, en Santillana del Mar, una localidad que parece detenida en el tiempo, con calles empedradas y fachadas históricas. Los apartamentos fueron el lugar perfecto para descansar tras nuestras jornadas: cómodos, modernos y con una ubicación privilegiada que nos permitió movernos con facilidad.







El primer día lo dedicamos a Comillas, una de las joyas del modernismo español. Nuestra primera parada fue el célebre Capricho de Gaudí, una de las obras más originales del arquitecto catalán. Este edificio, de estilo modernista, destaca por su fachada revestida de cerámicas en forma de girasoles que brillan al sol, un homenaje a la naturaleza que Gaudí integró magistralmente en la arquitectura. Los detalles, como las columnas de hierro fundido y los balcones ornamentados, nos dejaron fascinados. Paseamos por el encantador centro de Comillas, con sus calles empedradas y ambiente señorial, antes de detenernos a almorzar en el restaurante Las Caseras. Allí probamos el famoso cocido montañés, un guiso contundente hecho con alubias, berza y productos del cerdo, que se convirtió en una experiencia culinaria tan satisfactoria como inolvidable.

Por la tarde, nos dirigimos a Llanes, ya en Asturias, donde recorrimos su casco histórico, con sus casas blasonadas y pequeñas plazas llenas de encanto. Bajamos hasta una playa cercana, un rincón de arena dorada y aguas agitadas, pero la lluvia nos sorprendió antes de poder disfrutar del paisaje por completo. Nos refugiamos en una chocolatería del centro, donde el aroma a chocolate caliente y dulces recién hechos nos acogió como un abrazo en medio del clima gris. La tarde transcurrió entre charlas, un cierre perfecto para nuestro primer día de viaje.




El segundo día amaneció lluvioso, pero eso no impidió que continuáramos con nuestros planes. Nos dirigimos a las Cuevas de Altamira, aunque, como es habitual, visitamos su réplica, una reproducción fiel que permite imaginar cómo debió ser el mundo en el que vivieron nuestros antepasados. Las pinturas rupestres, con sus figuras de bisontes, ciervos y caballos, realizadas con sorprendente detalle hace más de 14.000 años, nos transportaron a otra época. Contemplar cómo aquellos primeros artistas capturaron la esencia de los animales en un entorno oscuro y limitado fue una gran experiencia.

Al mediodía, comimos en el restaurante Plaza Mayor, en Santillana del Mar, un lugar con platos típicos y un ambiente acogedor. Por la tarde, visitamos la Colegiata de Santa Juliana, una joya del románico cántabro. Su claustro es particularmente impresionante, con columnas decoradas con capiteles labrados que narran escenas bíblicas y motivos vegetales. El silencio del lugar, roto solo por el eco de nuestros pasos, nos hizo reflexionar sobre las generaciones que han pasado por allí, dejando su huella en la piedra.







El día 27 decidimos cruzar a la provincia vecina de Palencia para visitar Aguilar de Campoo, un pueblo que Carmen y yo ya habíamos explorado tres años atrás, pero que nos emocionaba compartir con mi hermana y cuñado. Empezamos por la colegiata de San Miguel, cuyo interior destaca por su imponente altar mayor y la serenidad que impregna cada rincón. Fue un momento de redescubrimiento.

Comimos en el restaurante El Barón, un lugar que habíamos visitado en nuestro viaje anterior y que, lamentablemente, pronto cerrará por la jubilación de su propietario. La comida fue tan deliciosa como la recordábamos, y nos sentimos agradecidos de haber regresado antes de su despedida definitiva. Por la tarde, visitamos dos templos románicos que son referentes en la historia del arte español: Santa María la Real y Santa María de Nava. Santa María la Real nos cautivó con su magnífica portada, decorada con figuras en relieve que parecen cobrar vida, y su entorno tranquilo. Por su parte, Santa María de Nava, más austera, nos impactó por su sencillez y equilibrio, un ejemplo perfecto de la sobriedad románica. Al regresar a Santillana esa noche, quedamos satisfecho por todo lo vivido.




El último día antes de regresar a casa lo dedicamos a Santander, la capital de Cantabria. Aunque yo ya había estado allí varias veces por motivos profesionales y una vez por turismo, siempre es interesante redescubrir una ciudad desde una perspectiva diferente. Santander no destaca especialmente por sus monumentos, y la catedral, que podría ser uno de ellos, estaba cerrada al público por la celebración de bodas, además de requerir una entrada de pago en otras ocasiones. Sin embargo, disfrutamos mucho del Mercado Municipal, un lugar lleno de productos locales y una oportunidad perfecta para comprar algunos recuerdos gastronómicos.

Tras almorzar en el restaurante Querida Margarita, dimos un largo paseo por el centro, el paseo marítimo y las playas urbanas. La brisa del mar y las vistas nos invitaron a saborear cada instante antes de emprender el regreso.

El día de regreso, hicimos una última parada en el Parador de Lerma, en la provincia de Burgos. Este edificio histórico, que combina la arquitectura renacentista con el lujo moderno, nos sorprendió con su belleza. Aprovechamos para tomar un café y comprar algunos recuerdos en su tienda, una forma ideal de cerrar un viaje lleno de historia, paisajes y sabores inolvidables.

A las siete de la tarde estábamos de vuelta en El Campello, cansados pero contentos por los días vividos. Cantabria y sus alrededores nos ofrecieron una experiencia que quedó grabada  en fotografías.

11 noviembre 2024

AMSTERDAM

 


Ayuntamiento 


"El viaje no solo amplía la mente, la forma."
Bruce Chatwin




En la semana de Pascua de 2011, decidimos hacer una escapada a Ámsterdam, la capital de los Países Bajos. Volamos desde Alicante, aprovechando las vacaciones para conocer una de las ciudades más famosas de Europa. Aunque Ámsterdam es conocida por sus canales y su estilo de vida relajado, he de admitir que, para mí, no fue de las ciudades que más me cautivaron entre todas las que he visitado.

El viaje comenzó con una visita al Museo de Vincent Van Gogh, una de las principales atracciones de la ciudad. Fue una experiencia muy enriquecedora poder ver tantas obras icónicas del famoso pintor, aunque no pudimos tomar fotografías dentro del museo, excepto en el vestíbulo al llegar. Aun así, fue fascinante contemplar de cerca algunas de las pinturas más famosas de Van Gogh, y creo que es uno de los puntos destacados del viaje.


Canal en Amsterdam


Un par de días después, paseamos por el Mercado de las Flores, que está situado junto a uno de los canales. Allí nos sumergimos en una explosión de colores, rodeados de tulipanes y otros bulbos y flores características de la región. Es un lugar que capta muy bien la esencia floral de los Países Bajos y un rincón muy pintoresco de la ciudad.

También tuvimos la oportunidad de ver desde el exterior el Palacio Real en la Plaza Dam, un edificio histórico importante que forma parte de las residencias oficiales de la Familia Real Holandesa. Sin embargo, no pudimos visitar uno de los museos más relevantes de la ciudad, el Rijksmuseum, que estaba en plena remodelación durante nuestra visita, lo cual fue una pena.

Mis impresiones personales

Ámsterdam es, sin duda, una ciudad encantadora, sobre todo para quienes disfrutan de pasear sin rumbo fijo a lo largo de sus canales. Las casas antiguas con sus fachadas inclinadas, los puentes que conectan las islas de la ciudad y las bicicletas que inundan cada rincón ofrecen una imagen que muchos encuentran inolvidable. Sin embargo, para mí, fue una ciudad que, aunque agradable, no me dejó una huella tan profunda como otras capitales europeas.

Uno de los momentos que quizás influyó en mi percepción fue el estado de la Plaza Dam. Durante nuestra estancia, la plaza estaba ocupada por una feria con una gran noria y otros elementos, lo que impedía disfrutar plenamente de la vista de este emblemático espacio. Tampoco visitamos el Museo de Madame Tussauds, que aunque popular, no despertaba demasiado interés en nuestro caso.

Rijkmuseum



Otros rincones de la ciudad

Aunque mi recuerdo general de Ámsterdam se centra en sus canales y algunos edificios bonitos a lo largo de ellos, la ciudad tiene otros lugares dignos de mención que también visitamos. Un paseo por el Barrio de Jordaan nos llevó a descubrir un rincón más auténtico y local. Este barrio, lleno de pequeñas boutiques, cafeterías acogedoras y calles pintorescas, refleja una faceta más tranquila y menos turística de la vida cotidiana en Ámsterdam.

El Vondelpark, el parque urbano más grande de la ciudad, también es un lugar excelente para relajarse, aunque solo lo vimos desde el exterior. Es un espacio verde muy popular entre los locales para hacer picnics o simplemente disfrutar de un paseo, y sin duda sería un lugar ideal para desconectar un poco del bullicio de la ciudad.

Al final, Ámsterdam es una ciudad que tiene mucho que ofrecer, especialmente si disfrutas de sus museos, parques y el encanto de sus canales. Sin embargo, para mí, no destacó tanto como otros destinos que he visitado. Aun así, es un lugar que merece una visita, aunque solo sea para disfrutar de su arte, su cultura ciclista y el ambiente relajado que se respira a orillas de sus numerosos canales.

08 noviembre 2024

MADRID

 


MADRID 





- ¿Que raros son tus cuñados?
- Sí, es que son de Madrid.
- Será eso.”

Almudena Grande 



Madrid, la vibrante capital de España, es sin duda una de las ciudades más cautivadoras de Europa. Aunque muchos la conozcan mejor que yo, siempre me ha dejado una impresión profunda. Solo Roma y París la superan en mi lista de favoritas, pero Madrid tiene un carácter y una belleza únicos que la hacen indispensable para cualquier viajero que explore España.
He tenido la suerte de vivir en Madrid durante un año y medio, en diferentes momentos de mi vida. La he recorrido tanto en solitario como en familia, y cada experiencia me ha ofrecido algo nuevo. Si visitas España, conocer su capital es una necesidad.




Cuando planifiques tu viaje, te recomendaría elegir un hotel bien ubicado. Evitaría hospedarme en la misma Puerta del Sol, el centro geográfico de Madrid y de toda España, que aunque es vibrante, puede resultar abrumador. Todo lo que esté a uno o dos kilómetros de esta plaza se considera céntrico. En mi caso, el distrito de Chamberí tiene un encanto especial. Quizá sea porque viví cerca de la Plaza de Quevedo casi un año, pero también hay otras áreas, como las cercanas al Palacio Real, la Plaza de Colón o la estación de Atocha, que ofrecen una excelente localización para explorar la ciudad.
Madrid es también un deleite para los amantes de la gastronomía. Aunque la cocina española es muy variada, uno de los platos más representativos de la capital es el cocido madrileño. Este guiso, que combina garbanzos, carne y verduras, es una comida tradicional que no debes dejar de probar. Sin embargo, al ser la capital de España y una ciudad cosmopolita, Madrid cuenta con una oferta gastronómica muy diversa. Encontrarás restaurantes de todas partes del mundo, desde cocina asiática hasta latinoamericana, así como platos típicos de cada región española.
Además de la comida, Madrid es un tesoro de cultura e historia. Una parada obligada es el Museo del Prado, uno de los más importantes del mundo. En sus alrededores se encuentran otros dos museos excepcionales: el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Reina Sofía, ambos con destacadas colecciones de arte moderno y contemporáneo. Si te interesa la historia, no puedes perderte el Museo Nacional de Arqueología y el Museo Naval, ambos ubicados cerca de la Biblioteca Nacional.




Algo que distingue a Madrid de otras grandes ciudades españolas o europeas es su catedral. Mientras que la mayoría de las catedrales en Europa siguen estilos arquitectónicos como el gótico, románico o renacentista, la Catedral de la Almudena es relativamente moderna. Fue construida en el siglo XX, por lo que tiene menos de 100 años, lo que la convierte en una excepción entre las grandes catedrales de Europa. Se encuentra junto al majestuoso Palacio Real, donde recientemente se ha abierto al público un edificio moderno que alberga las impresionantes Colecciones Reales, ofreciendo una experiencia visual fascinante.

Este agosto de 2023, descubrí una joya menos conocida: el Museo de América, ubicado cerca de Moncloa. Fue una sorpresa maravillosa. Su vasta colección de figuras, utensilios y artefactos, junto con pinturas que datan de la época de la llegada de los españoles al continente americano, lo convierten en una visita fascinante. Destacan especialmente el tesoro de Quillabamba, procedente de Colombia, y otras colecciones de Perú, México y Ecuador.
Por último, una de las experiencias más memorables fue visitar el estadio del Real Madrid, el Santiago Bernabéu. En 2012, pude recorrer su interior y admirar los trofeos y recuerdos de este legendario club de fútbol. Hoy en día, el estadio está siendo remodelado, por lo que se avecinan cambios emocionantes para este icónico lugar.

Para disfrutar plenamente de Madrid, es esencial caminar por sus calles y plazas. La Plaza Mayor, el Palacio Real y la zona de la Ópera son lugares que deben explorarse a pie, al igual que la Plaza de Colón, próxima a muchos de los museos mencionados.









05 noviembre 2024

PAISES DEL LOIRA.

 






 

 

 

INTRODUCCION


En el verano de 2024, decidimos ir a Anjou, la otra parte del Valle del Loira, que nos faltaba por conocer, aunque a nuestra llegada nos enteramos que pertenece a otra región: el País del Loira. Anjou es una histórica provincia francesa en el oeste, con un valioso legado medieval, castillos y tradiciones vinícolas. Hoy en día, Anjou se encuentra dentro del País del Loira, y aunque ya no tiene autonomía, su identidad sigue enriqueciendo la región, especialmente a través de su capital histórica, Angers, reconocida por su castillo y el famoso Tapiz del Apocalipsis.


A diferencia del País del Loira, el Valle del Loira donde habíamos estado en noviembre del año 2011,  es una región cultural y geográfica que se extiende a lo largo de la cuenca media del río Loira, incluyendo departamentos como Indre y Loira, Loir y Cher, y parte de Maine y Loira. Este valle es conocido por sus castillos renacentistas, como Chambord y Chenonceau, y su título de “Jardín de Francia”. Su importancia histórica y su belleza natural le han valido el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000. En el Valle del Loira, el turismo se centra en su legado renacentista y su arquitectura, vinculada a la historia de la nobleza, lo que difiere de los atractivos marítimos y urbanos presentes en el País del Loira.

 


El País del Loira es una región administrativa francesa que incluye cinco departamentos: Loira Atlántico, Maine y Loira, Mayenne, Sarthe y Vendée. Este territorio extenso se caracteriza por una diversidad de paisajes que van desde la costa atlántica hasta zonas rurales y urbanas. Ciudades como Nantes aportan una faceta moderna a la región, complementando su importancia cultural, sus castillos históricos y su relevancia vinícola. El río Loira, que atraviesa buena parte de la región, conecta diferentes áreas y simboliza un vínculo común, integrando elementos culturales tradicionales asociados con el Valle del Loira.

 


Ambas áreas tienen el río Loira como eje y comparten una fuerte tradición vinícola. Sin embargo, el Valle del Loira se centra más en el patrimonio renacentista de sus castillos y jardines, mientras que el País del Loira ofrece una mayor variedad, con viñedos, castillos, extensas costas y ciudades vibrantes como Nantes.

 

Anjou, dentro del País del Loira, mantiene su identidad histórica. Angers, su capital, es famosa por el Castillo de Angers y el Tapiz del Apocalipsis. Saumur es otra ciudad destacada por su castillo, su tradición ecuestre y sus vinos espumosos. Cholet, con su industria textil, y Beaufort-en-Vallée, rodeada de viñedos, completan el atractivo turístico de Anjou.

 

El País del Loira, el Valle del Loira y Anjou ofrecen experiencias únicas. El País del Loira combina zonas modernas, rurales y costeras, mientras que el Valle del Loira mantiene un enfoque renacentista y cultural. Anjou, en el corazón del País del Loira, sobresale por su historia y su tradición vinícola, aportando una riqueza cultural a la región.

 

 

 

 

EL VIAJE

 

Salimos de Alicante el día 16 de agosto de 2024 para desplazarnos a Nantes en vuelo de Volotea. Alli recogí un coche de alquiler de Europcar, concretamente un Fiat 500 hibrido que cumplió mis expectativa. Tras una hora de recorrido llegamos a Angers donde pernoctaríamos en el Kyriad Hotel Beauconze hasta el día 22 que regresaríamos a Nantes para coger al día siguiente a primera hora el vuelo de regreso a Alicante.

 

El día de nuestra llegada después de comer cerca del hotel nos trasladamos a Angers para una primera toma de contacto. Localizamos un aparcamiento du Mail, cerca del Ayuntamiento de la ciudad muy bien situado y buen precio donde dejamos el coche. Esa tarde vimos la Catedral de San Mauricio y su interior que tiene 

 

Comenzando en el Ayuntamiento de Angers (Hôtel de Ville), un majestuoso edificio neoclásico, tomamos la Rue Saint-Aubin, una de las calles más emblemáticas de la ciudad. A medida que avanzamos, notamos una mezcla de edificios históricos y modernos que capturan el espíritu vibrante de Angers. Esta calle nos conduce hasta la Plaza del Ralliement, el corazón cultural de la ciudad, donde se encuentra el Gran Teatro. Este edificio de estilo italiano destaca con su elegante fachada de columnas y esculturas, recordando la rica vida artística de Angers. A su alrededor, encontramos tiendas, cafeterías y los grandes almacenes Galeries Lafayette, cuya arquitectura conserva detalles clásicos en armonía con el entorno.

Después de disfrutar de la plaza, nos dirigimos al imponente Castillo de Angers, rodeado de altos torreones cilíndricos y macizas murallas de piedra que se elevan con una presencia contundente. Este castillo medieval, construido en el siglo XIII, impresiona por su perímetro fortificado y sus diecisiete torreones, de casi treinta metros de altura cada uno, que crean una formidable línea defensiva. Cada torreón está coronado con un techo plano, desde donde antiguamente vigilaban la ciudad. Las murallas, de gruesos muros de pizarra y piedra caliza, exhiben franjas horizontales de colores, que dotan al castillo de un aspecto único y característico.

 

Finalizado nuestro recorrido este primer día regresamos al hotel. Cerca teníamos un supermercado Intermarché donde compramos elementos necesarios para cenar 


Castillo de Brissac


 

El día 17 de agosto nuestro viaje lo comenzamos con una visita al Castillo de Brissac, conocido como el castillo más alto de Francia. La imponencia de esta construcción renacentista nos dejó fascinados: siete pisos de altura y 204 habitaciones decoradas con detalles lujosos y un estilo inconfundible. Durante el recorrido, caminamos por sus elegantes salones, decorados con una exquisita mezcla de tapices antiguos, muebles dorados y retratos históricos, y disfrutamos de una vista encantadora desde sus ventanas al río y los viñedos que rodean el castillo.

 

Terminada la visita, tomamos rumbo a Saumur para una estupenda experiencia culinaria en el restaurante Masama.  La característica destacable era su cálido ambiente y una mezcla deliciosa de gastronomía colombiana y francesa, cortesía de sus propietarios, una colombiana y un francés. Los sabores, entre tradicionales y modernos, nos sorprendieron y nos dieron la energía perfecta para continuar nuestro recorrido por el centro de Saumur.

Con el tiempo justo antes de nuestra siguiente parada, aprovechamos para explorar un poco el centro de Saumur, con su encanto pintoresco. Las calles empedradas y los edificios de piedra caliza de tonos suaves nos transmitieron una sensación de paz, y observamos los detalles de la arquitectura tradicional de la zona, tan característicos del Valle del Loira.




Castillo de Montreuil-Bellay


 

Concluimos el día con nuestra esperada visita al Castillo de Montreuil-Bellay, una joya medieval que parece detener el tiempo. La fortaleza, rodeada de altos muros y un amplio foso, nos recibió con su estructura majestuosa que ha protegido estas tierras durante siglos. Desde el primer vistazo, sus imponentes torres nos transportaron a un pasado de caballeros y nobles, destacándose por sus formas robustas y su mezcla de piedra caliza y pizarra que reflejan siglos de historia.

 

Al caminar por el exterior, pudimos ver cómo el castillo domina la vista, con sus jardines cuidados al detalle, que ofrecen un contraste perfecto con la arquitectura austera y defensiva de sus murallas. Las torres están colocadas estratégicamente para vigilar cada rincón del perímetro, y en sus muros aún se percibe la esencia de una época en la que proteger el dominio era vital.



Castillo de Angers


 

Empezamos nuestro día en Angers con una visita al majestuoso Castillo de Angers, una fortaleza medieval imponente que guarda uno de los tesoros más notables de la región: el Tapiz del Apocalipsis. Al cruzar el puente que lleva al castillo, las enormes murallas de piedra y los diecisiete torreones de casi treinta metros de altura nos impresionaron, recordándonos la importancia histórica y defensiva de esta construcción. Dentro, nos dirigimos directamente al tapiz, que se extiende en una galería especial diseñada para mostrar su inmensa longitud y sus impactantes detalles.

 

El Tapiz del Apocalipsis es una obra de arte monumental, cuyos paneles detallan escenas bíblicas con un colorido asombroso y una complejidad visual que nos dejó sin palabras. Cada hilo y cada figura cuentan una historia, narrando con intensidad las visiones apocalípticas de San Juan, llenas de criaturas fantásticas, guerreros y escenas de la lucha entre el bien y el mal. La atmósfera en esta galería es casi mística, y pudimos tomarnos el tiempo para admirar los detalles de cada escena, transportándonos a una época donde los tapices eran la gran narrativa visual de la nobleza.

 

Terminada la visita, buscamos un lugar acogedor para comer y encontramos una encantadora trattoria en el centro histórico de Angers. Disfrutamos de un delicioso plato de pasta casera y una copa de vino local que, junto al ambiente familiar del restaurante, nos hicieron sentir como en casa. Fue el descanso perfecto antes de continuar con nuestra exploración cultural.

 

Por la tarde, nos dirigimos al Museo de Bellas Artes de Angers, un edificio elegante que alberga una amplia colección de arte, desde la pintura medieval hasta obras más modernas. Recorrimos salas llenas de cuadros, esculturas y arte decorativo que narran la evolución artística de la región y sus influencias europeas. Nos llamó la atención una serie de pinturas renacentistas que muestran escenas del día a día y retratos de personajes históricos, así como una sección dedicada al arte contemporáneo que aportaba una frescura interesante.

Para finalizar el día, dimos un paseo tranquilo por el centro de Angers, explorando las calles empedradas y observando la mezcla de arquitectura medieval y renacentista que da a la ciudad su encanto particular. Pasamos por la Plaza del Ralliement, donde se encuentra el Gran Teatro, rodeado de edificios elegantes y animadas cafeterías. Observamos también los grandes almacenes Galeries Lafayette, cuya presencia marca el pulso moderno en esta ciudad de historia profunda.

 

Nuestro día en Angers fue un recorrido perfecto por su patrimonio artístico y cultural, disfrutando cada detalle de esta ciudad que, con su mezcla de pasado y presente, tiene tanto por ofrecer.




Castillo de Azay-le-Rideau


 

El día 19 comenzó con la esperada visita al Castillo de Azay-le-Rideau, uno de los castillos más encantadores del Valle del Loira. Al llegar, el castillo nos sorprendió con su elegante arquitectura renacentista que se refleja en el agua, creando un efecto de espejismo que parecía sacado de un cuento. Construido en el siglo XVI, Azay-le-Rideau es conocido por su ligereza y belleza arquitectónica, con detalles que combinan influencias francesas e italianas en perfecta armonía. Los tejados puntiagudos, las ventanas enmarcadas por delicados moldes y las torres redondeadas son detalles característicos que atraen la mirada, mientras que los frondosos jardines que rodean el castillo completan la escena con un aire de serenidad.

 

El recorrido por el interior del castillo fue igualmente fascinante. Subimos por la escalera principal, una joya renacentista con escalones anchos y decoraciones detalladas, que nos llevó a varias salas lujosamente decoradas. Nos llamó la atención el salón principal, lleno de tapices y muebles antiguos que nos transportaron a la vida cotidiana de la nobleza de la época. También exploramos la biblioteca y los dormitorios, que aún conservan detalles originales y ofrecen una vista impresionante del paisaje exterior. Cada habitación contaba una historia, y al recorrerlas, era fácil imaginar las intrigas y festividades que habrían tenido lugar dentro de esos muros. Al salir, nos detuvimos un momento para apreciar la vista completa del castillo y sus reflejos en el río Indre, llevándonos un recuerdo mágico de Azay-le-Rideau.

 

A media mañana, nos dirigimos a Chinon para comer en este pequeño pueblo. Encontramos un encantador restaurante en la Plaza Mayor, desde donde podíamos observar la actividad diaria del pueblo, con locales y turistas llenando las calles y disfrutando del ambiente medieval. La comida fue excelente. Después de comer, emprendimos un recorrido por el casco antiguo de Chinon, una ciudad que parece detenida en el tiempo, con sus calles adoquinadas, casas medievales y fachadas de piedra que cuentan la historia de siglos pasados. Caminamos por estrechas callejuelas donde cada rincón parecía esconder un nuevo detalle arquitectónico con una vista inesperada de la Fortaleza de Chinon, visible en la colina que no pudimos ver en sun interior.

 

Durante nuestro paseo, disfrutamos observando la mezcla de arquitectura medieval y renacentista, con sus típicas casas de entramado de madera, ventanas de arco y tejados inclinados. 



Castillo de Ussé,



 

Por la tarde, nos dirigimos al imponente Castillo de Ussé, conocido como "el castillo de la Bella Durmiente", ya que se dice que inspiró el famoso cuento de Charles Perrault. Desde lejos, la silueta de Ussé se alza con un aire de fantasía, rodeado de jardines simétricos y torres puntiagudas que se elevan hacia el cielo. Al acercarnos, la vista de sus torres blancas y tejados de pizarra nos transportó a una época de cuentos de hadas. La fachada es una mezcla perfecta de estilos gótico y renacentista, y al recorrer sus jardines, sentimos que habíamos entrado en un mundo mágico.

El recorrido por el interior del castillo fue igualmente fascinante. Algunas de las salas recrean escenas de la Bella Durmiente, con maniquíes en trajes de época y mobiliario clásico que nos contaban la historia a medida que avanzábamos. Nos encantaron los salones llenos de tapices, pinturas y retratos que reflejan la vida de la nobleza. También subimos a una de las torres, donde pudimos observar las vistas del río y los jardines desde lo alto, imaginando cómo sería vivir en un castillo como este.

El día en Azay-le-Rideau, Chinon y Ussé fue una inmersión en la historia, la arquitectura y el encanto del Valle del Loira, llevándonos a descubrir castillos de ensueño y ciudades con una esencia que perdura a través de los siglos.



Castillo de Montgeoffroy


 

El día 20 iniciamos nuestra jornada con una visita al Castillo de Montgeoffroy, una joya del siglo XVIII situada en la campiña cercana a Angers. Esta residencia, con su estilo clásico y equilibrado, conserva el mobiliario y la decoración originales, lo que nos permitió vislumbrar la vida aristocrática de la época. El diseño simétrico del castillo, con sus alas laterales y su cuerpo central de ventanas amplias y elegantes, le otorga una apariencia de armonía que nos impresionó desde el primer momento. Durante el recorrido, exploramos salones y habitaciones exquisitamente decoradas. Destacaron especialmente la biblioteca, repleta de volúmenes antiguos, y el comedor, donde aún se preserva la vajilla de porcelana original. Los jardines circundantes, con setos bien cuidados y caminos bordeados de árboles, completaron esta experiencia visual de manera encantadora, transportándonos a una época de esplendor y sofisticación.

 

Al concluir nuestra visita, regresamos a Angers para disfrutar de un almuerzo en José Carpa, un restaurante reconocido por su cocina creativa y moderna que respeta la tradición francesa. Cada plato era una explosión de sabores, con ingredientes frescos y de temporada, convirtiendo la comida en un deleite perfecto para revitalizarnos antes de continuar explorando la ciudad.

 

Por la tarde, cruzamos el río hacia el encantador barrio de La Doutre, un lugar especial, descrito con frecuencia como un "pueblo en el centro de la ciudad" debido a su ambiente único. Al recorrer este barrio más allá del Maine, descubrimos rincones llenos de historia y belleza. Comenzamos admirando la vista desde el Pont de Verdun, un puente desde el cual se aprecian panorámicas del río y la ciudad. Continuamos hacia la Cale de la Savatte, un embarcadero pintoresco que se utiliza aún hoy, y avanzamos hasta la Place du Tertre Saint-Laurent y la Place de la Paix, dos plazas que conservan el espíritu tradicional de Angers.

 

Nuestro último día en Angers comenzó temprano con una visita al majestuoso Château de Serrant, un castillo renacentista que se encuentra a unos pocos kilómetros de la ciudad. Al llegar, fuimos recibidos por su imponente fachada de piedra oscura y pizarra, característica de la arquitectura del Loira. Este castillo destaca por su elegancia sobria y su armonía estructural, con torres de esquina redondeadas y grandes ventanales que lo iluminan y realzan su belleza. Durante el recorrido, nos sumergimos en sus fastuosos interiores, desde la biblioteca con más de 12,000 volúmenes antiguos hasta el salón principal, decorado con muebles de época, tapices y cuadros de gran valor. Cada habitación parecía contarnos una historia diferente, conservando intacta la opulencia de sus siglos pasados. Fue un paseo fascinante que nos permitió imaginar la vida aristocrática de antaño y descubrir los detalles de uno de los castillos mejor conservados de la región.

 

Después de esta visita enriquecedora, regresamos al a las inmediaciones del hote y comimos en un restaurante cercano a nuestro hotel, situado en el centro comercial Intermarché. La comida fue excelente, y nos sorprendió gratamente tanto la calidad como el precio económico. Disfrutamos de un menú sencillo, pero bien elaborado, lo que resultó ser una pausa perfecta en medio de nuestro día de exploración.


Château du Plessis-Bourré


 

Por la tarde, nos dirigimos al Château du Plessis-Bourré, otro castillo que, a diferencia de Serrant, parece salido directamente de un cuento de hadas. Rodeado por un amplio foso y con una estructura perfectamente simétrica, Plessis-Bourré mantiene intacto su encanto medieval. Su fachada, con torres altas y un diseño geométrico pulcro, es un ejemplo exquisito de la transición entre la arquitectura medieval y renacentista. En el interior, las salas están decoradas con frescos y detalles pintorescos, mientras que el salón principal y las estancias privadas nos dieron una idea de la vida en la nobleza de los siglos XV y XVI.



Castillo de los Duques de Bretaña




 

El día 22 llegamos a Nantes, listos para explorar esta vibrante ciudad histórica. Dejamos el coche de alquiler estacionado cerca de un centro comercial en la Isla de Nantes y, desde allí, tomamos un Uber que nos llevó hasta las inmediaciones de la Catedral de Nantes. La catedral, majestuosa y solemne, nos impresionó con su arquitectura gótica y sus altos contrafuertes, aunque solo pudimos verla desde el exterior debido a los daños sufridos en el incendio de hace unos años. Las torres y los detalles de la fachada, con sus intrincadas esculturas y relieves, reflejan su rica historia, y aunque no pudimos entrar, su vista nos transmitió la fortaleza y belleza que sigue representando.

Desde la catedral, descendimos caminando hacia el Castillo de los Duques de Bretaña, un lugar que encierra siglos de historia. Al recorrer su interior, paseamos por los pasillos de piedra y admiramos sus murallas y patios, donde se respira la grandeza de los tiempos en que Nantes fue el centro de la región bretona. Desde los muros, las vistas de la ciudad y los jardines internos del castillo nos ofrecieron un respiro verde en pleno centro urbano. Exploramos varias de sus salas que muestran la evolución histórica de Nantes, desde su pasado como puerto medieval hasta su rol en el comercio marítimo.

 

Al mediodía, almorzamos en un restaurante cercano. Fue el momento perfecto para degustar la gastronomía local y recargar energías antes de continuar nuestro día.

Luego, decidimos regresar caminando hasta la Isla de Nantes. Durante el paseo, observamos la ciudad a un ritmo más tranquilo, disfrutando del ambiente de sus calles y de algunos rincones modernos que se mezclan con la tradición histórica. Ya en el centro comercial donde habíamos dejado el coche, aprovechamos para explorar las galerías comerciales y hacer algunas compras de última hora, un buen final para nuestra visita urbana.


Finalmente, nos dirigimos al hotel B&B del aeropuerto, donde pasaríamos nuestra última noche. Tras entregar el coche de alquiler, nos preparamos para el viaje de regreso. Al día siguiente, el 23, tuvimos que levantarnos a las 4:30 de la madrugada para estar listos a tiempo, ya que nuestro vuelo hacia Alicante salía temprano. Afortunadamente, la elección del hotel resultó ideal, pues pudimos llegar caminando hasta la terminal, haciendo el trayecto rápido y sin complicaciones.

 

 

 

26 octubre 2024

EL VENETO

 







Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla. 
Confucio



INTRODUCCIÓN

En noviembre de 2009, emprendimos un viaje hacia la región del Véneto, famosa por su joya más resplandeciente: Venecia. Desde el primer instante, la ciudad nos envolvió en su atmósfera única, con sus canales serpenteantes y su historia flotando en el aire. Recorrer la Plaza de San Marcos al atardecer, mientras la luz dorada del sol se reflejaba en las tranquilas aguas, fue una experiencia que se grabó en nuestra memoria. Veníamos de haber explorado Roma unos meses antes, en mayo de ese mismo año, pero Venecia, con su encanto enigmático, nos ofrecía un mundo completamente distinto.

El viaje comenzó en Alicante, desde donde volamos a Bolonia con Ryanair. Aunque Bolonia pertenece a Emilia-Romaña, decidimos hospedarnos allí tanto a la llegada como al regreso, aprovechando la oportunidad para perdernos en su casco histórico, con sus pórticos interminables y su cálida atmósfera otoñal. Para explorar el Véneto, optamos por el tren como medio de transporte. Con los billetes comprados por internet en Trenitalia, nos movimos cómodamente entre ciudades. Al día siguiente de nuestra llegada, tomamos un tren hacia Venecia, para descubrir sus secretos, sus palacios antiguos y la magia que parecía emanar en cada rincón.







Plaza de San Marcos 






VENECIA


Nuestro viaje a Venecia comenzó con un día entero dedicado a recorrer sus laberínticas y pintorescas calles, desde la estación de tren hasta la icónica Plaza de San Marcos. Cada rincón parecía un cuadro: los canales serpenteantes, los puentes antiguos y las fachadas de colores desgastados por el tiempo. Nos dejamos llevar por la esencia de la ciudad, deteniéndonos a almorzar en el Hard Rock Café, un pequeño respiro en medio de tanta historia, donde también aprovechamos para comprar camisetas para toda la familia, un toque moderno en un entorno atemporal.
Subimos al Campanile, la torre que se alza sobre la plaza, y desde allí, Venecia se desplegó bajo nuestros pies como un mosaico de tejados rojos, canales relucientes y cúpulas doradas. La vista panorámica fue de esas que te dejan sin aliento. Después, visitamos la majestuosa Basílica de San Marcos, un espacio lleno de misticismo, con sus mosaicos brillando bajo la luz tenue del día. Fue una experiencia que marcó el tono de nuestro viaje, envolviéndonos en la historia y el arte veneciano.
El segundo día fue igualmente estupendo. Dedicamos la mañana a navegar por el Gran Canal, una experiencia imprescindible para cualquier visitante. Lo hicimos a bordo de un “vaporetto”, el autobús acuático que se desliza lentamente entre los palacios que se alinean a ambos lados del canal. Disfrutamos del sol en nuestros rostros mientras capturábamos con nuestras cámaras las fachadas barrocas, los balcones cargados de flores y el ir y venir de góndolas y embarcaciones locales.
Uno de los momentos más destacado fue cruzar el famoso Puente de Rialto, con sus arcos de piedra y su bullicio incesante. Nos tomamos un tiempo para explorar el mercadillo cercano, lleno de vida, colores y el aroma de especias y frutas frescas. La tarde avanzaba y, al final del día, vimos cómo la marea comenzaba a subir lentamente. El agua, como un susurro, se filtraba a través del alcantarillado en la Plaza de San Marcos. Aunque no llegó a inundar por completo la plaza, fue una muestra de la naturaleza cambiante y viva de esta ciudad flotante.

 

VIDEO DEL GRAN CANAL








VERONA


El día siguiente lo dedicamos a descubrir la encantadora ciudad de Verona. Tras un cómodo trayecto en tren desde Venecia, llegamos a la estación de Verona, situada a una distancia razonable del centro histórico, lo que nos permitió comenzar nuestra exploración a pie. La ciudad, llena de historia y romanticismo, nos recibió con una brisa suave y un cielo despejado.
Comenzamos nuestro recorrido por las plazas más emblemáticas, como la Piazza delle Erbe, un espacio vibrante rodeado de edificios históricos cuyas fachadas parecían pintadas por el tiempo. La plaza estaba llena de vida, con cafés al aire libre y mercados que ofrecían desde frutas frescas hasta artesanías locales. 
Nuestro siguiente destino fue la majestuosa Arena de Verona, un impresionante anfiteatro romano que aún conserva el eco de los tiempos antiguos. Su estructura, imponente y solemne, nos dejó maravillados. En esta ocasión, el lugar estaba preparado para acoger un concierto, lo que añadía una curiosa mezcla de lo antiguo y lo contemporáneo, como si Verona quisiera recordarnos su capacidad de adaptarse a cada época sin perder su esencia.
Después de la Arena, nos dirigimos a uno de los lugares más icónicos de la ciudad: la Casa de Julieta. Allí, ante el famoso balcón que evoca la leyenda de Romeo y Julieta, nos detuvimos un momento. Aunque es solo un símbolo literario, el balcón sigue siendo un imán para los corazones románticos. Las paredes cercanas, llenas de mensajes de amor escritos por visitantes de todo el mundo, daban testimonio del legado eterno de la obra de Shakespeare.
Para el almuerzo, encontramos una acogedora trattoria local, donde degustamos la deliciosa gastronomía veronesa. El sabor de los platos caseros, fue el cierre perfecto para nuestro día en esta ciudad tan especial.
Al caer la tarde, tomamos el tren de regreso a Venecia. De vuelta en nuestro hotel, ubicado en una tranquila calle peatonal.


Video de Verona







VICENZA

 

Vicenza nos recibió con una serenidad que contrastaba con el bullicio de Venecia y Verona, pero no por ello menos impresionante. En cada esquina, la genialidad del arquitecto Andrea Palladio se hacía evidente, como si sus obras fueran un homenaje eterno al equilibrio y la perfección renacentista. La tercera jornada de nuestro viaje nos brindó la oportunidad de explorar a fondo la capital de esta región, menos conocida pero rica en tesoros arquitectónicos.
Comenzamos nuestra visita en la Plaza del Ayuntamiento, un espacio que parecía diseñado para maravillar a quien lo contempla. Los edificios que la rodean, con líneas claras y proporciones perfectas, llevan la firma inconfundible de Palladio. Era imposible no detenerse y admirar la belleza serena y matemática de sus fachadas, donde la arquitectura se convierte en poesía.
Sin embargo, el verdadero punto culminante fue el Teatro Olímpico. Este teatro renacentista, otra de las grandes joyas de Palladio, nos dejó sin palabras. Al cruzar sus puertas, fuimos transportados a otro tiempo: el esplendor de su escenario y la ilusión óptica de las calles que se extienden hacia el horizonte nos hicieron sentir como si estuviéramos en una obra clásica, en pleno corazón del Renacimiento. La combinación de mármol, columnas y detalles minuciosos reflejaba no solo la habilidad técnica de Palladio, sino su capacidad para evocar una grandeza atemporal.
Vicenza es famosa por su arquitectura renacentista, y no podíamos dejar de ver dos de sus mayores tesoros. La Basílica Palladiana, situada en la plaza del Ayuntamiento con su majestuosa logia de mármol blanco, se alza como un monumento a la simetría y el orden, un templo diseñado por Palladio que es considerado una de las obras maestras más importantes del mundo. 
Con cada paso en Vicenza, nos sentíamos más conectados con la historia, el arte y la visión de Palladio, un arquitecto que transformó para siempre la manera en que entendemos el espacio y la belleza.



Video de Vicenza









PADUA


El 8 de agosto de 2019, durante nuestro periplo por la Lombardía, decidimos hacer una escapada a Padua, una joya del Véneto impregnada de historia y cultura. Aunque este viaje era parte de nuestro recorrido por otra región de Italia, Padua nos atrajo irresistiblemente, con su rica herencia que conecta el Renacimiento con el presente.
El 9 de agosto, comenzamos el día con una visita a uno de los monumentos más emblemáticos: la Basílica de San Antonio. Desde la distancia, sus cúpulas se alzaban majestuosamente, perfilándose contra el cielo como guardianas de siglos de fe y devoción. Al acercarnos, pudimos apreciar la magnitud de su estructura, que impresiona no solo por su tamaño, sino por la atmósfera solemne que la rodea. Las cúpulas, con su arquitectura inconfundible, parecían susurrar historias de tiempos pasados.
Después de recorrer la basílica, nos dirigimos a la Universidad de Padua, una de las más antiguas y prestigiosas de Europa. Al atravesar sus históricos pasillos, era imposible no sentir la influencia de las mentes brillantes que alguna vez caminaron por allí. Galileo, Vesalio y tantos otros dejaron su huella en este recinto, un lugar donde el conocimiento floreció durante el Renacimiento y más allá. Estar allí, en un sitio que ha sido testigo de descubrimientos y debates que moldearon el mundo moderno, fue una experiencia inspiradora.
Nuestra siguiente parada fue el Palacio de la Razón, o Palazzo della Ragione, otro de los edificios emblemáticos de la ciudad. Al entrar, nos sorprendió el estado de conservación de su interior, con sus paredes ricamente decoradas con pinturas que narran escenas y temáticas de diversa índole. Cada fresco parecía contar una historia, y caminamos lentamente, admirando la minuciosidad de los detalles y el vibrante colorido que aún permanece a pesar del paso de los siglos.
Después de un día lleno de historia y cultura, regresamos por la tarde a nuestro acogedor hotel B&B, donde nos alojábamos. Padua nos dejó un estupendo recuerdo, una ciudad donde cada rincón está impregnado de historia, arte y conocimiento.


Video de Padua




















SOMBRAS EN EL LEVANTE