13 mayo 2024

LIMA. CIUDAD DE LOS REYES







El Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato del mundo entero.
 ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene identidad porque las tiene todas!” 

Mario Vargas Llosa




Residí en Lima desde julio de 2014 hasta finales de junio de 2018, cuatro años en los que descubrí los matices y contrastes de esta ciudad vibrante, capital de Perú. Fundada el 18 de enero de 1535, Lima nació bajo la mirada del conquistador Francisco Pizarro, quien, junto con sus compañeros de expedición, intervino en el diseño de esta urbe que siglos después se convertiría en el corazón político y económico del país.

Hoy en día, Lima alberga más de 10 millones de habitantes si incluimos la provincia constitucional del Callao, hogar del puerto y aeropuerto más importantes de Perú. La ciudad se despliega sobre el desierto que bordea el Océano Pacífico, extendiéndose a lo largo de más de 130 kilómetros desde Pucusana, al sur, hasta Ancón, al norte. En contraste, donde vivía en Miraflores, una de las zonas más modernas y cosmopolitas de Lima, estaba a apenas 27 kilómetros del aeropuerto, aunque las distancias en esta ciudad gigantesca a menudo parecen mucho mayores debido al tráfico y la falta de infraestructura.




Lima no cuenta con una red de metro subterráneo completamente desarrollada; en su lugar, los “Metropolitanos”, una red de autobuses que recorren parte de la ciudad, son el principal transporte para muchos. En 2016, cuando escribía estas líneas, una empresa española ya estaba trabajando en la construcción de una línea de metro, una promesa que aún resonaba en la caótica rutina de los limeños. Para aquellos que no tienen carro propio, el transporte habitual son las “combis” o “cousters”, pequeños autobuses que serpentean por las calles a un ritmo frenético.

Una peculiaridad de Lima es su clima: la ciudad apenas conoce la lluvia. Entre junio y diciembre, la "garúa", una llovizna ligera y casi imperceptible, apenas humedece el suelo antes de evaporarse. Durante estos meses, la humedad puede llegar al 100%, lo que hace que el invierno limeño, con temperaturas entre los 12 y 19 grados, se sienta más frío de lo que parece. El cielo permanece encapotado, en un gris plomizo conocido localmente como “panza de burra”. De diciembre a mayo, cuando el sol decide aparecer, Lima se baña en rayos UV intensos, con temperaturas que oscilan entre los 19 y 32 grados.

Antes de ahondar en las costumbres limeñas, es imposible no mencionar el Callao, una provincia constitucional que, aunque autónoma, está tan entrelazada con Lima que no hay fronteras visibles que las separen. Con más de 800.000 habitantes, en este municipio se encuentran el Puerto y el Aeropuerto Jorge Chávez, las dos puertas principales de conexión internacional de Perú. Turísticamente, el Callao destaca por La Punta, un antiguo barrio donde se encuentran la Escuela Naval y casonas que antaño pertenecieron a la clase alta. También es la sede de diversos clubes náuticos, siendo una de las zonas más seguras del Callao. Otro punto de interés es la Fortaleza del Real Felipe, una construcción militar del siglo XVIII en forma de pentágono, un legado de la época colonial española.

Sin embargo, el Callao ha sufrido un deterioro alarmante en los últimos años. Entre 2015 y 2016, se convirtió en una de las zonas más peligrosas de Perú, lo que llevó a instaurar el estado de emergencia para frenar la violencia. Mientras que zonas como La Punta se mantienen relativamente seguras, la mayoría del Callao ha visto crecer la delincuencia a niveles preocupantes. En contraste, los distritos de San Isidro, Miraflores, Barranco y La Molina siguen siendo refugios de seguridad, donde reside la clase alta local junto con una gran cantidad de expatriados, principalmente europeos y norteamericanos. 

Lima es una ciudad de contrastes: entre lo moderno y lo antiguo, entre la bruma y el sol radiante, entre el caos y la calma de sus barrios más seguros. Una ciudad que, durante esos cuatro años, me ofreció una experiencia única.

Plaza de Armas


Ya en el corazón de Lima, el Cercado de Lima destaca como el núcleo histórico de la ciudad. Su Plaza de Armas, vibrante y solemne, es el epicentro desde donde se despliegan los monumentos más representativos. Aquí se encuentran el Palacio de Gobierno, la imponente Catedral, el Ayuntamiento con sus característicos balcones republicanos, y el majestuoso Palacio Episcopal. Al caminar por los “jirones” (calles) cercanos, uno puede viajar en el tiempo, observando los edificios que datan de la época republicana, un periodo que se extiende desde finales del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX.

Este centro histórico es, sin duda, uno de los puntos más visitados por los turistas que llegan a Lima. Durante las horas diurnas, entre las seis de la mañana y las seis de la tarde, esta zona es relativamente segura, siempre y cuando uno no se aleje demasiado de los alrededores de la Plaza de Armas, donde se concentra la mayoría de los monumentos y la vigilancia es más frecuente.

Lima también tiene su lado caótico y vibrante, y esto se refleja en los mercados como Polvos Azules y Gamarra, que se asemejan al famoso Gran Bazar de Estambul. Estos son auténticos paraísos para quienes buscan ropa de marcas falsificadas, productos descatalogados, y una amplia gama de artículos, desde bolsos y zapatillas hasta CDs y DVDs. Aunque la policía realiza operativos de decomiso, estos suelen suceder fuera del horario comercial, por lo que el flujo de compradores y vendedores raramente se interrumpe. Estos mercados son, sin duda, lugares fascinantes para quienes buscan gangas, pero no son aptos para quienes priorizan la seguridad.

Como en toda gran ciudad, en Lima no todos los barrios son seguros. Los distritos periféricos y algunas zonas del centro histórico se vuelven especialmente peligrosos al caer la noche. En estos lugares, el riesgo de sufrir un robo o un atraco armado es real, y la prudencia se convierte en una necesidad. En caso de un intento de robo, resistirse puede costar la vida. Por ello, muchos prefieren usar taxis, un medio de transporte asequible, aunque no siempre seguro. En el Aeropuerto Jorge Chávez, es recomendable optar por taxis de confianza como los de Taxi Green o aplicaciones como Easy Taxi, Cabify o Uber. Si se toman taxis en las calles de Lima, es esencial que cuenten con los distintivos correctos: un letrero visible de taxi y franjas blancas y negras en los laterales. Además, regatear la tarifa es parte del proceso. Conocer una estimación aproximada del trayecto es clave para evitar ser sobrecargado, como me sucedió en alguna ocasión, donde logré bajar el precio de 6 soles a 5 para un trayecto cotidiano (un sol equivale a unos 30 céntimos de euro).

A pesar de su pasado ilustre como la Ciudad de los Reyes, hoy en día algunos limeños, con cierto humor negro, se refieren a Lima como la “ciudad de los reyes de la delincuencia”. Sin embargo, si uno toma las precauciones necesarias, como alojarse en distritos seguros y seguir las recomendaciones de agencias de turismo, es posible disfrutar de la ciudad sin mayores contratiempos. Distritos como Miraflores, San Isidro y Barranco, aunque más caros, ofrecen tranquilidad y una mayor sensación de seguridad, lo que los convierte en opciones preferidas tanto para turistas como para expatriados.

Más allá de los desafíos que presenta Lima, es innegable que la mayoría de sus habitantes trabajan duro para salir adelante. En muchos casos, las jornadas laborales se extienden hasta doce horas al día, de lunes a sábado o incluso de lunes a lunes, dependiendo del tipo de empleo. La vida en Lima no es fácil para todos, especialmente para aquellos que pertenecen a las clases más desfavorecidas, quienes parecen vivir para trabajar, más que trabajar para vivir. Sin embargo, es esta resistencia y capacidad de adaptación la que define gran parte de la esencia limeña. En un próximo capítulo, profundizaré en las profesiones que aún persisten en Lima, trabajos que en otros lugares ya han desaparecido o son cada vez menos comunes.





Durante mi estancia en Lima, viví en el barrio de Miraflores, uno de los más seguros y agradables de la capital, junto a San Isidro. Ambos distritos destacaban no solo por su seguridad, sino también por su modernidad y calidad de vida. Otras zonas como San Miguel, Surco y Los Olivos también ofrecían relativa tranquilidad en ciertos sectores. 

Miraflores, en particular, es un barrio que mezcla lo moderno con lo tradicional. Es común ver elegantes edificios contemporáneos conviviendo con antiguos chalets que, con sus jardines bien cuidados, mantienen el encanto de otros tiempos. Pasear por sus calles, especialmente por la zona cercana a la Avenida Benavides y los malecones que bordean el océano, es siempre un placer. Aquí también se encuentran algunos de los mejores hoteles de la ciudad, mientras que San Isidro, además de albergar varias embajadas —incluida la de España—, es conocido por sus áreas residenciales de lujo y sus modernos edificios corporativos.

Para quienes visitan Lima como parte de un tour en dirección a Machu Picchu, la ciudad suele reservarse para un par de días, lo cual es generalmente suficiente para conocer sus principales atractivos. Además del centro histórico y sus monumentos, ya mencionados antes, Lima ofrece otros puntos de interés como la Huaca Pucllana, un antiguo asentamiento precolombino que fue utilizado por diferentes civilizaciones antes de la llegada de los incas. Otro sitio arqueológico frecuentado por los visitantes es Pachacamac, un lugar que estaba en pleno apogeo cuando Pizarro llegó al Perú. Ambos sitios permiten descubrir la rica historia preincaica del país, sumergiéndose en las huellas de antiguas culturas.

No se puede hablar de Lima sin mencionar su gastronomía, que es considerada la mejor de Sudamérica. No lo dicen solo los peruanos, sino expertos de todo el mundo. Platos como el ceviche, el lomo saltado o la causa se han ganado la admiración internacional, y lo mejor es dejarse guiar por quienes conocen bien estos sabores. Gastón Acurio, uno de los chefs más célebres del planeta, ha sido el embajador global de la cocina peruana, y su restaurante Astrid & Gastón es uno de los más prestigiosos de América Latina. Desde mi partida, han surgido otros chefs que han alcanzado el mismo nivel que Acurio, consolidando a Lima como un destino culinario imperdible.

Antes de cerrar estos comentarios que escribí para un libro en 2020, quisiera referirme brevemente a la situación actual, en mayo de 2024. Lamentablemente, la inestabilidad política en Perú hace que el país no sea un destino del todo seguro en este momento. El intento de autogolpe de estado por parte del expresidente Pedro Castillo, quien ahora se encuentra encarcelado, ha sido solo el último episodio de una larga crisis. Como él, varios de los últimos presidentes peruanos han terminado en prisión por diversos motivos, la mayoría relacionados con corrupción. Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski han sido encarcelados tras sus mandatos. El único de los últimos seis presidentes que no ha sido arrestado fue Alan García, quien se suicidó hace un par de años cuando estaba a punto de ser detenido.

A pesar de esta complicada realidad, Lima sigue siendo una ciudad fascinante, rica en historia, cultura y gastronomía, aunque, como todo viajero prudente, es importante estar informado y tomar las precauciones necesarias si se decide visitarla en tiempos de incertidumbre política.



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