01 noviembre 2023

POMPEYA EN 8 HORAS

  

Pompeya 

 








 

No te esfuerces tanto, las mejores cosas suceden cuando menos te las esperas.

 
Gabriel García Márquez

 

Nápoles es una ciudad de contrastes, una mezcla fascinante de caos y encanto. Durante nuestra estancia de cinco días, descubrimos su complejidad a través de sus calles abarrotadas, del  centro histórico algo sucio y de sus tesoros arqueológicos. El corazón de la ciudad, especialmente en las inmediaciones de la estación central, presenta una evidente degradación, con la notable presencia de inmigrantes que desaparece a medida que uno se adentra en zonas como la cercana a la Catedral de Nápoles, donde se guarda la cabeza de San Genaro. Las diferencias socioeconómicas en la ciudad parecen tangibles, quizá influenciadas por la "camorra napolitana". Sin embargo, más allá de esta realidad urbana, lo más fascinante de nuestra visita fue Pompeya.

Plaza del Plebiscito 

 


La visita a Pompeya cumplió con todas nuestras expectativas. Este sitio arqueológico, una ventana a la vida en la antigua Roma, nos absorbió completamente. Las calles petrificadas y los edificios conservados tras la erupción del Vesubio te transportan a otra era. Durante ocho horas recorrimos Pompeya, desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde. A la mitad del día, hicimos una pausa para comer en un restaurante cercano al Foro, lo que nos permitió recargar energías y seguir explorando. El estado de conservación del lugar es asombroso, y cada paso en sus calles es un recordatorio tanto de la tragedia que acabó con la ciudad como de la grandeza de la civilización romana. Aunque el número de turistas era mayor de lo esperado para finales de octubre, la organización del lugar hizo que la visita fuera llevadera.


Pompeya 



 


Tras nuestra jornada en Pompeya, decidimos complementar la experiencia con una visita al Museo Nacional de Arqueología de Nápoles. Este museo alberga algunos de los objetos más valiosos rescatados de Pompeya, así como de Herculano y otras zonas cercanas. Las piezas únicas y bien conservadas nos ofrecieron una visión más profunda de la vida romana. En particular, me sorprendieron aquellos objetos que no se encuentran en otros museos del mundo, lo que hizo que esta visita fuera realmente especial.

El resto del viaje lo dedicamos a explorar los principales puntos de interés de Nápoles. Nuestro primer día en la ciudad lo pasamos recorriendo el centro histórico, un laberinto de calles llenas de vida y caos. Visitamos la Catedral, una joya arquitectónica, y probamos la famosa pizza napolitana, algo imprescindible en esta ciudad. Después, nos dirigimos a la Iglesia de Jesús el Nuevo, un elegante edificio renacentista que sobresale por su belleza singular.

El segundo día estaba reservado para el Museo Nacional, pero la lluvia y la larga fila bajo el aguacero nos hicieron cambiar de planes. Decidimos entonces explorar la Galería Umberto I y la Plaza del Plebiscito, donde disfrutamos de un café tranquilo antes de continuar nuestro día con una deliciosa comida de pasta en una trattoria. Paseamos por la famosa calle Toledo y los alrededores, siempre rodeados de la vitalidad y el desorden que caracterizan a Nápoles.

El tercer día visitamos el Palacio Real y caminamos hasta el Castillo del Uovo, donde presenciamos un espectacular atardecer frente al mar. Originalmente, planeábamos visitar Caserta al día siguiente, pero el Palacio estaba cerrado, así que nos quedamos en Nápoles y exploramos el Claustro de Santa Clara, una reconstrucción que, aunque deslucida, ofrece un vistazo a la historia de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Castillo del Uovo

 


En resumen, Nápoles es una ciudad de experiencias encontradas. Si bien su centro histórico es sucio y caótico, también esconde belleza y cultura. Pompeya, sin duda, es el punto culminante de cualquier visita, mientras que el Museo Nacional de Arqueología complementa perfectamente esta experiencia. Tres días fueron suficientes para conocer lo esencial de Nápoles y Pompeya, aunque la ciudad tiene mucho más que ofrecer, desde su gastronomía deliciosa hasta joyas arquitectónicas como la Iglesia de Jesús el Nuevo. A pesar de algunos pequeños inconvenientes, como problemas con los códigos QR en la Campania Card, nuestro viaje fue una inmersión inolvidable en la historia y el alma de esta región italiana.

La ciudad de Nápoles también revela otra faceta, llena de rincones inesperados y paisajes impresionantes. Entre los descubrimientos más agradables estuvo la belleza del golfo de Nápoles, con el Vesubio como telón de fondo, un paisaje que aporta serenidad a la vorágine de la vida urbana. La presencia constante del mar, con su azul profundo, contrasta con el bullicio de las calles, ofreciendo un respiro visual. Además, tuvimos la suerte de disfrutar la gastronomía típica de la Campania.
 

Video de Pompeya 

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