El único hombre que puede cambiar de opinión, es aquel que solo tiene una.
Harun Al-Rasïd
Quito, la capital de Ecuador, es una ciudad que asombra por su rica historia y su arquitectura majestuosa. Situada en la región andina, a 2.850 metros sobre el nivel del mar, es una de las ciudades más altas del mundo, y su centro histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Nuestra visita comenzó cuando llegamos desde Lima durante los días festivos de la batalla de Angamos. Nos alojamos en un hotel encantador, muy cerca de la Plaza de San Francisco, lo que nos permitió explorar el centro histórico caminando, sin necesidad de usar transporte.
El primer día decidimos contratar a una guía local que nos llevaría a recorrer algunos de los puntos más emblemáticos de la ciudad. Iniciamos nuestro recorrido en la Plaza de la Independencia, también conocida como Plaza Grande. Esta plaza, rodeada de imponentes edificios históricos, es el corazón palpitante de Quito. A nuestro alrededor se alzaban la Catedral Metropolitana, el Palacio de Carondelet—sede del gobierno ecuatoriano—y el Palacio Arzobispal, cada uno con una historia fascinante que nuestra guía narraba con pasión.
Desde la Plaza Grande, un breve paseo nos condujo a la Iglesia de la Compañía de Jesús, uno de los mayores tesoros arquitectónicos de Quito. Al cruzar sus puertas, quedamos deslumbrados por su interior cubierto de pan de oro. Se dice que es uno de los mejores ejemplos del barroco latinoamericano, y contemplarlo es como ser transportado a otra era. Muy cerca de allí, visitamos la Plaza de San Francisco y su convento, una de las edificaciones más antiguas y significativas de la ciudad. La atmósfera en esta plaza, con sus adoquines y sus fachadas coloniales, nos hizo sentir parte de la historia misma de Quito.
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Iglesia de la Compañía de Jesús, |
El segundo día, lo dedicamos a conocer algunos de los hitos arquitectónicos más importantes de la ciudad. Visitamos la Basílica del Voto Nacional, una imponente estructura neogótica que domina el horizonte quiteño. Su majestuosidad nos invitó a subir sus torres, desde donde pudimos disfrutar de una vista panorámica impresionante de la ciudad.
Por la tarde, exploramos la vida cultural de Quito visitando el Museo Casa de la Cultura Ecuatoriana y el Museo de la Ciudad, donde aprendimos más sobre la historia y las tradiciones de los pueblos que habitaron esta región. Cada exposición nos conectaba más profundamente con la esencia y el espíritu ecuatoriano.
Al día siguiente, nos aventuramos en una experiencia que nos llevó más allá de las calles coloniales de Quito: el teleférico de Quito. Este nos elevó hasta las faldas del volcán Pichincha, brindándonos una vista espectacular de la ciudad y la majestuosidad de los Andes que la rodean. La sensación de estar tan cerca de la cumbre y contemplar las nubes bajo nuestros pies fue inolvidable.
Por la tarde, visitamos la Mitad del Mundo, el lugar donde se dice que pasa la línea ecuatorial. Aquí, nos divertimos aprendiendo sobre los experimentos que demuestran las fuerzas que actúan en el ecuador y aprovechamos para sacarnos las clásicas fotos con un pie en cada hemisferio.
Cada día en Quito ofrecía una nueva visión, ya fuera explorando su historia o maravillándonos con la naturaleza imponente que la rodea. Sin duda, esta ciudad es un lugar donde la historia y la modernidad coexisten en una armonía perfecta, y la experiencia de ascender al Pichincha será un recuerdo que llevaré conmigo por siempre.
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