La llegada de colonos británicos a la costa atlántica a comienzos del siglo XVII inició un proceso de expansión que transformó de forma radical los territorios y las sociedades indígenas del continente. El modelo británico no se orientó hacia la integración. Se basó en ocupación territorial, segregación y desplazamiento.
El continente antes de la llegada europea
Antes del contacto europeo, América del Norte estaba habitada por millones de personas. Las estimaciones sitúan entre cinco y diez millones la población indígena en los territorios actuales de Estados Unidos y Canadá. Existían cientos de lenguas y sistemas políticos diversos. Confederaciones diplomáticas como la iroquesa en el noreste. Sociedades agrícolas avanzadas en el sudeste y el valle del Misisipi. Centros urbanos como Cahokia. No era un territorio vacío. Era un espacio organizado y poblado.
Jamestown (1607) y Plymouth (1620) marcaron el inicio de la colonización británica permanente.Desde el principio, el modelo se apoyó en asentamientos agrícolas europeos y expansión territorial constante. A diferencia del modelo hispano en partes del suroeste y Florida, no se desarrolló un sistema institucional de integración o mestizaje significativo. No surgieron categorías jurídicas intermedias. La norma fue la separación racial.
Los pueblos indígenas quedaron fuera del orden colonial. Solo fueron reconocidos de manera provisional mediante alianzas tácticas o tratados temporales. La expansión combinó crecimiento demográfico europeo, desplazamiento forzado y violencia directa.
Epidemias, guerra y tratados incumplidos
El contacto introdujo enfermedades como viruela, sarampión y gripe. Las comunidades indígenas no tenían inmunidad. Las epidemias redujeron poblaciones enteras antes incluso de la ocupación masiva de tierras. Con el avance hacia el interior, se sucedieron conflictos armados y tratados desiguales. Muchos acuerdos que reconocían fronteras indígenas fueron ignorados cuando los colonos necesitaron nuevas tierras. El patrón fue repetido: firma, expansión, ruptura.
Un ejemplo posterior fue el Trail of Tears en la década de 1830. Decenas de miles de indígenas del sureste fueron obligados a trasladarse al oeste del Misisipi. Miles murieron durante el desplazamiento.
La Proclamación de 1763
Tras la Guerra de los Siete Años, el Reino Unido obtuvo amplios territorios. La Proclamación Real de 1763 prohibía asentamientos británicos al oeste de los Apalaches. Buscaba limitar conflictos con pueblos indígenas. Fue ignorada. Colonos y especuladores avanzaron hacia el oeste. La expansión territorial se impuso sobre cualquier intento de contención. Ese patrón anticipó la expansión posterior del Estado estadounidense.
Comparación con la presencia española
En Florida, el suroeste y California, la presencia española combinó evangelización, trabajo forzoso y reorganización social. Hubo alta mortalidad y pérdida de autonomía indígena. También existieron formas de mestizaje y reconocimiento jurídico dentro del sistema colonial. El modelo británico siguió otra lógica. No buscó integrar poblaciones originarias en el orden colonial. Buscó garantizar acceso exclusivo a la tierra para colonos europeos. La prioridad fue la ocupación territorial.
Tras la independencia en 1776, el nuevo Estado estadounidense profundizó la política de desposesión. Se firmaron tratados con naciones indígenas que luego fueron modificados o anulados. Se impuso el sistema de reservas administradas por el gobierno federal. En el siglo XIX, la doctrina del “Destino Manifiesto” justificó la expansión hacia el oeste. La presencia militar acompañó este proceso. El resultado fue reducción drástica de territorio y soberanía indígena.
La colonización británica de Norteamérica transformó un continente habitado por millones de personas. El proceso avanzó mediante expansión territorial, desplazamiento y alta mortalidad. Epidemias, conflictos armados y tratados incumplidos facilitaron el resultado. En contraste con el modelo hispano en partes de Norteamérica, que incluyó integración jerárquica y mestizaje, el modelo británico se basó en segregación y exclusión política. Ambos procesos fueron coloniales.
La memoria pública, sin embargo, ha tratado de forma desigual sus consecuencias.




